PARQUE NACIONAL DE ANDASIBE
Una de las reservas más accesibles para entrar en contacto con la selva y los lemures. La selva primaria no representa más que una franja estrecha repleta de miles de especies. Los árboles se emergen bajo un bosque escondido entre lianas y diminutas plantas. Con un poco de paciencia se podrá observar el lemur negro y blanco, el más grande de todos. Millones de especies habitan en la reserva: el lemur marrón o el lemur de bambú. Tres especies nocturnas son identificables con la ayuda de una linterna. El entorno también es rico en pájaros y camaleones. Los mejores meses para poder observar las orquídeas en flor son septiembre, octubre y noviembre.
PANGALANES
Pangalanes es el nombre del canal constituido por las lagunas y cursos de agua que rodean la costa: una sucesión de lagos inmensos, de bulevares líquidos y de canales estrechos que conviven al ritmo de las piraguas.
TAMATAVE Y LA COSTA DEL PALISSANDRE
Segunda ciudad del país, Tamatave (Toamasina), recortada por largas avenidas rodeadas de palmeras sembradas en antiguas construcciones de estilo colonial. Es en los barrios de Tanambao o de Tanamborozano donde podemos descubrir los tiradores de pousse-pousse, los vendedores de carbón, las gárgolas en miniatura, las tiendas de ron, etc. Es una ruta ineludible para descubrir la costa este.
En los alrededores, L’île aux Prunes, recubierta de una alta y densa vegetación, El parque zoológico de Ivoloina el cuál posee 11 especies de lemures, de serpientes y de tortugas.
SAINTE MARIE
Sainte Marie es una isla larga (como una lengua) paralela a la costa, que con sus playas, sus corales, su magnífica vegetación y la gentileza de sus habitantes, es uno de los sitios más seductores.
Sainte Marie, a parte de ofrecernos estancia en sus magníficas playas, podemos hacer caminatas a través de los árboles con un olor tenaz, pesca, submarinismo, exploración de cementerios piratas, avistaje de ballenas, degustación de cocos en sus playas de arena blanca…
Los piratas escogieron este lugar como base y todos los grandes nombres de ladrones arrastraron sus sables en la isla. A principios del siglo XVIII más de un millar de ellos cohabitaban con los habitantes del lugar.
En su tradición rige todavía la forma de vida del lugar. Las casas, minúsculas casas sobre pilotes, están hechas de hojas, de cañas de ravenala y de bambúes. La existencia sigue todavía muy tranquila en la isla.
La bicicleta es un fabuloso medio de transporte para descubrir la isla. Podréis descubrir la vida de los pueblos y los niños os saludarán al pasar con muchos “bonjour vazaha” incesantes.
En el norte de la isla, cerca del pueblo de Ambodiatafana, una playa de fina arena blanca está partida por una barrera de rocas negras despedazadas. Un camino conduce a un cementerio de piratas, un lugar romántico y conmovedor.
En la costa este se puede atravesar la isla a pie por pequeños senderos con los que se llega a Anafiafy. En este pueblo, existe la posibilidad de alquilar una piragua para poder observar la magnífica bahía de Ampanihy.
En el sur , se puede acceder fácilmente a la playa de Ankarena y a una hermosa gruta al pie de un acantilado. Allí, es posible ver la isla de los sables en piragua para hacer submarinismo. En los meses de agosto y septiembre se ven pasar las ballenas que van a ese lugar.
L’Île aux Nattes, sus playas inmaculadas permiten un baño super agradablde. Una mini-jungla está rodeada de campos de arroz, yucas, café o vainilla.
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